Que el pueblo chileno sepa la verdad de boca de sus propios gobernantes.
Revisando la historia de Chile, para averiguar qué es lo que los gobernantes chilenos pensaban respecto a la demanda marítima boliviana, uno puede encontrarse con más de una sorpresa. Por ejemplo, entre aquellos que estaban de acuerdo en que se cediera a Bolivia una salida soberana al mar, sólo había conservadores, un radical, 1 socialista y un militar.
El resultado de mi investigación documental muestra que así como hubo mandatarios que apoyaron la idea de llegar a un acuerdo con Bolivia para que tuviera acceso soberano al Océano Pacífico, también los hubo quienes se opusieron a esta idea, y también quienes no mostraron interés en el tema, por diversas razones.
Pero está claro que el encierro terrestre de Bolivia, después de haber tenido un litoral soberano, es y será una situación anómala que estará presente ante el mundo civilizado como un problema que se debe resolver, sin importar cuántos años puedan pasar.
Este ensayo tiene por objeto mostrar cómo recibieron los habitantes originarios de Centro y Sudamérica sus primeras enseñanzas religiosas de parte del 'Viejo Mundo'. También muestra la naturaleza de tales enseñanzas recibidas, las que han perdurado hasta el día de hoy. En el presente, algunos de ellos han contrastado esas ideas con lo que enseña la Biblia, y se han dado cuenta que las Escrituras les ofrecen un mejor camino que lo que ellos heredaron de sus antepasados.
De este modo, las enseñanzas religiosas que algunos predicadores dieron, tanto antes como después de Colón en el 'Nuevo Mundo', son el reflejo de esa época.
"A España le correspondió la dramática parte de "descubrir" el Nuevo Mundo en los siglos XV y XVI; y en el cumplimiento de esta importantísima misión, el peculiar carácter de la nación se desarrolló en una línea dura y definida. Los adoradores de Dios y de las riquezas quizás nunca, en toda la historia del mundo, se habían combinado de una manera tan pintoresca e imponente. Con un crucifijo en una mano y una espada en la otra; con un ojo en el oro y el otro en la plata que encontraron en su camino; pocos en número, pero poderosos en fe, y llenos de la placentera esperanza de riquezas de este mundo, o del cielo en el mundo venidero, los conquistadores españoles cometieron pillaje en los templos, saquearon las viviendas, torturaron y quemaron a soberanos y nobles,instalaron cruces e imágenes de la Virgen en recintos de los ídolos paganos, celebraban misas a los desconcertados nativos, persuadiéndolos a que se sometieran al rito del bautismo, a que recibieran la eucaristía, que se persignaran, y se inclinaran ante la Virgen, e incluso mostraban la cruz a sus víctimas para que la besaran mientras los quemaban atados a una estaca acusadosde ser paganos, infieles, y traidores" (De una Publicación en Richmond,USA, en 1851).
Los españoles que vinieron a Centro y Sudamérica y conquistaron estas tierras con la espada trajeron consigo a sacerdotes católicos romanos. Los cuales, en su celo por establecer sus propias creencias entre los habitantes nativos, usaron de su impunidad para destruir prácticamente todos los anales de los nativos escritos acerca de los primeros habitantes de la tierra. Esta impune acción permanece como un ejemplo de la manera equivocada de promover la obra del Señor. Ellos también demostraron ser totalmente intolerantes con las creencias religiosas de los nativos, ¡a pesar de que esas creencias eran sorprendentemente parecidas a las suyas! Como no podían concebir que los nativos tuvieran enseñanzas "cristianas" antes de la llegada de los invasores españoles, no encontraron nada mejor que atribuir esas ideas "cristianas" a la obra del Diablo. Respecto a esto, un cronista colonial escribió:
"Ese mismo año descubrieron otros castellanos la tierra de Campeche, donde, en un oratorio en que los indios tenían muchos ídolos, hallaron cruces pintadas, de que quedaron no menos alegres que maravillados, viendo la luz entre las tinieblas, y al lado de Belial los trofeos de Cristo, que con la llegada de los españoles, mediante la predicación del Evangelio, fueron conocidos de aquellos bárbaros y echados de aquel lugar y tierra los simulacros del demonio que antes adoraban" (Alonso de Ovalle, Histórica Relación del Reino de Chile, Instituto de Literatura Chilena: Santiago de Chile, 1969), p. 152. Publicado originalmente in italiano en Roma en 1646.
Que los habitantes precolombinos de América ya tenían un conocimiento del evangelio, independiente de lo desfigurado que estaba, es un hecho bien establecido por antiguas tradiciones escritas y orales. El cronista chileno Alonso de Ovalle dijo:
"Que los habitadores de la América hayan tenido el conocimiento que los demás gentiles de alguna deidad o deidades a quien reconocer y adorar por Dios, lo testifican los magníficos templos que hubo en los poderosos imperios del Perú y México, de los cuales hallaron los españoles en su primera entrada muchos, muy ricos y bien adornados, como se podría ver en los historiadores que de la una y otra América Austral y Septentrional han escrito" (Ibid, p. 344).
El Inca Garcilazo de la Vega dice que los reyes incas habïan rastreado al verdadero Dios:
Después de señalar que los nativos de la antigua América creían en la resurrección de los cuerpos, y en la inmortalidad del alma, el historiador chileno Alonso de Ovalle concluye:
"De lo cual me parece se puede colegir que esta gente tuvo alguna noticia del evangelio antes que se la diesen los españoles; porque la fe de la resurrección de la carne es tan propia de él, que no parece que pudieran haberla rastreado por otro camino" (Ibid, p. 346).
El historiador norteamericano Williams H. Prescott se refiere al símbolo de la cruz, que hallaron los seguidores de Hernán Cortés como algo habitual entre los nativos de México y Centro América. Además, los invasores españoles observaron con asombro una ceremonia que se parecía a la misa católica. A los sacerdotes aztecas se les vio preparar una torta de harina mezclada con sangre, que ellos consagraban y la daban a la gente, quienes, al comerla, "mostraban señales de humildad y pesar, declarando que era la carne de la Deidad".
Siendo esto así, la pregunta lógica es ésta: ¿de dónde, o de quién, obtuvieron ellos semejante conocimiento?
Una prolija e intensa investigación documental ha proporcionado una respuesta tentativa, la que se da en este ensayo.
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Un tema vigente y de trascendental importancia, cuyo inevitable desenlace afectará profundamente el destino de las demás naciones.
Es ampliamente conocida la disputa que hay por el área de territorio en el extremo oriental del Mediterráneo, que en la actualidad se conoce como Palestina. Este es un problema que no sólo afecta a la totalidad del Oriente Medio, sino que en realidad afecta al mundo entero, y es probablemente el problema internacional más serio que existe en el presente, debido a que tiene la potencialidad de ocasionar una guerra mundial. No es que éste sea un problema nuevo; por esta tierra ha habido disputas y combates por casi 4.000 años, o más.
Varias naciones, como los romanos, han conquistado el territorio, y posteriormente esa tierra llegó a ser cristiana por 300 años. Luego los árabes tomaron el control durante 1000 años, hasta que empezaron las cruzadas, las que, a su vez, duraron 200 años. Gran Bretaña estuvo también involucrada en aquella época tal como lo ha estado desde entonces, y aún lo está de alguna forma, excepto en los intervalos de conquista por parte de los mamelucos y los turcos otomanos. Muchos países se han visto involucrados, ya que el objetivo de su interés es este territorio originalmente llamado la Tierra de Canaán.
En el presente, la controversia por la propiedad de ese territorio continúa. Por una parte, los israelíes mantienen que la tierra de Israel, que aún se conoce como Palestina, es de ellos; pero, por otra parte, los palestinos afirman lo mismo. Entonces, ¿a quién pertenece esa tierra? Este libro, que es el resultado de una ardua investigación documental, permite identificar con datos irrefragables, tanto bíblicos como históricos, al legítimo propietario del territorio en disputa.
Lord Kingsborough creía que sí, y consumió su fortuna y su vida para probarlo. Pero no es el único. Antiguos cronistas, como el Padre Diego de Rosales, el Padre Alonso de Ovalle, etc., y algunos antiquísimos documentos redactados por algunos ilustrados habitantes de los pueblos invadidos, tenían la misma idea. Por ejemplo:
"Algunos de los más ancianos de Yucatán dicen que han escuchado de sus antepasados que esta tierra fue ocupada por una raza de personas que vinieron de Oriente, a quienes Dios había liberado abriéndoce senderos a través del mar... Si esto fuese cierto, necesariamente resultaría que todos los habitantes de las Indias son descendientes de los judíos" (Diego de Landa, Relación de las Cosas de Yucatán, 1566), p. 16.
Lo que dice Landa está respaldado por un antiguo documento del siglo dieciséis titulado Título de los Señores de Totonicapan. Fue escrito originalmente en 1554 d.C. y procede de la antigua Guatemala:
"El viaje de las naciones quichés y otros pueblos agregados.
"Los sabios, los Nahuales, los jefes y caudillos de tres grandes pueblos y de otros que se agregaron, llamados U Mamae [los viejos], extendiendo la vista por las cuatro partes del mundo y por todo lo que hay bajo el cielo y no encontraron inconveniente, se vinieron de la otra parte del océano, de allá de donde sale el sol, lugar llamado Pa Tulán, Pa Civán....
"Estas, pues, fueron las tres naciones de quichés y vinieron de allá de donde sale el sol, descendientes de Israel, de un mismo idioma y de unos mismos modales...
"Cuando llegaron a la orilla del mar, Balam-Qitze le tocó con su bastón y al instante abrió paso que volvió a cerrarse luego, porque el gran Dios así lo quiso de él, pues eran hijos de Abraham y de Jacob. Así fue como pasaron aquellas tres naciones y con ellas otras trece llamadas Vukamag.
"Puestos ya de este otro lado del mar fueron obligados a sustentarse de raíces por falta de víveres, pero caminaban contentos. Llegaron a la orilla de una laguna en donde había multitud de animales.
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"Ahora a veinte y ocho de septiembre de 1554 firmamos este testimonio en que hemos escrito lo que por tradición nos dijeron nuestros antepasados, venidos de la otra parte del mar, de Civán-Tulán, confines de Babilonia".
(Título de los Señores de Totonicapán,traducción de Dionisio José Chonay. Introducción y notas de Adrián Recinos).
Otra obra importante del siglo dieciséis es el Popol Vuh, libro sagrado de los antiguos Quiché-Maya de las tierras altas de Guatemala. En este libro encontramos lo siguiente:
"Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo; lo sacaremos a luz porque ya no se ve el Popol Vuh, así llamado, donde se veía claramente la venida del otro lado del mar, la narración de nuestra oscuridad, y se veía claramente la vida.
"Existía el libro original, escrito antiguamente, pero su vista está oculta al investigador y al pensador.
(Preámbulo).
"Se conoce también el principio de los de Tamud y los de Llocab, que vinieron juntos de allá del Oriente.
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"Tres grupos de familias existieron; pero no olvidaron el nombre de su abuelo y padre, los que se propagaron y multiplicaron allá en el Oriente.
(Tercera Parte, capítulo 3).
Popol Vuh. Las Antiguas Historias del Quiché. (Traducción, introducción y notas de Adrián Recinos).

Contiene información respecto a cómo se originó el conflicto por las aguas del Silala hasta su situación actual. Incluye además la correspondencia oficial completa cursada entre la cancillería chilena y la boliviana referente al caso del río Lauca. Ambos temas en plena vigencia.
El Silala es una cuenca hidrográfica de 70 kilómetros cuadrados, que contiene como 100 manantiales activos, de cada de los cuales brotan aproximadamente 2 litros de agua por segundo. Como se sabe, los manantiales no forman un flujo o curso que conduzca el agua a algún sitio determinado, ya que son corrientes de agua subterránea que afloran a la superficie en un punto específico, sin que circulen en ninguna dirección. Esta zona de manantiales se halla enteramente en territorio boliviano.
En cuanto al río Lauca, lo siguiente apareció en el diario local de Arica: "Una caldera tipo trencito, utilizada para calentar el agua con que se preparó el cemento utilizado para su construcción hace 45 años, simboliza hoy una parte de la desconocida historia que guarda para muchos ariqueños la Central Hidroeléctrica de Chapiquiña. El 30 de marzo pasado la Central completó 45 años de existencia, su potencia nominal es de 10.2 megawatts y dependiendo de la hora, del día y de la semana, puede llegar a abastecer con electricidad hasta el 50% de la demanda energética de Arica" ("La Estrella de Arica", domingo 22 de abril del 2012, p. 12).

Este ensayo fue el resultado de una intensa investigación documental, cuyo propósito es presentar la voz de las naciones invadidas. En cuanto a los vencedores, éstos ya han tenido tribuna para mantener su versión de los hechos durante más de 500 años, gracias a historiadores adulones que se han encargado de inculcarnos, desde nuestra niñez, la versión de los invasores.
Cuando Cristóbal Colón desembarcó en las costas del así llamado "Nuevo Mundo", creyó erróneamente --al menos, al principio-- que había llegado a las Indias Orientales; por ese motivo llamó indios a sus habitantes. Con el tiempo, a esta palabra se le incorporó una connotación despectiva para referirse a los descendientes de los habitantes originales de este continente. Es parte del legado de Colón.
Desde nuestros primeros años escolares, al tratar sobre el origen del hombre americano, se nos inculca la imagen de un ser semiprimitivo, escasamente vestido con un taparrabo, y con una lanza hecha de madera y pedernal en la mano. Pero lo que los conquistadores encontraron tanto en el antiguo México como en el Perú de los Incas no fue esa imagen estereotipada, sino pueblos civilizados, con organizaciones militares, civiles, y religiosas, con una bien desarrollada cultura que incluía un alto grado de avance en la agricultura, arquitectura, astronomía, matemáticas, y un noble código de ética y moral.
La venida de los conquistadores españoles y misioneros católicos romanos no fue una obra civilizadora, que aportara bienestar material o espiritual a los habitantes de la antigua América. Al contrario, estos aventureros trajeron consigo los peores vicios de su sociedad, iniciando a los nativos en la práctica de la mentira, el engaño, el robo, las inmoralidades sexuales, y contagiándolos con enfermedades venéreas. Todo lo cual contrastaba con las elevadas normas éticas de los habitantes originales de América, que en el Imperio Incaico se resumían en tres preceptos: (1) ama sua (no seas ladrón), (2) ama lulla (no seas mentiroso) y (3) ama kella (no seas ocioso).
Según el relato bíblico, la primera mentira en Edén fue introducida por una serpiente. En cambio, la primera mentira en el 'Nuevo Mundo' fue introducida por un cristiano español. Esto ocurrió cuando Cortés preguntó a un embajador de Moctezuma si su señor tenía mucho oro "porque era bueno para el mal del corazón, y que algunos de los suyos estaban lisiados de él”. Teotlili respondió que sí tenía".

Este libro es el resultado de una prolija investigación documental para sacar a luz las causas y consecuencias de la guerra que en 1879 molió los recursos humanos y materiales de tres países, que se vieron involucrados activamente en ella, y cuyas desastrosas heridas ninguno de los tres países ha podido olvidar.
Las autoridades chilenas expusieron ante su pueblo y ante la comunidad internacional sus razones que llevaron a su país al conflicto bélico. Encargaron a sus mentes más brillantes de la época a que redactaran una pauta doctrinal para mostrar a las generaciones venideras de chilenos que sus soldados lucharon por una causa justa. Don Manuel Montt y don Miguel Luis Amunátegui fueron las principales autoridades que estructuraron sus derechos al territorio anexado como resultado de la guerra, y se le dio una categoría de doctrina de Estado, y así se ha trasmitido de gobierno a gobierno hasta el presente.
Las autoridades peruanas y bolivianas, han hecho lo mismo.
Así que quise escudriñar las fuentes de la historia misma, principalmente fuentes chilenas y cédulas reales para presentar los argumentos de los tres países. Y aprovecho de incorporar nuevos esclarecimientos y deconstruir algunos mitos. De eso trata este libro.